La Historia nos cuenta que la raza Bullmastiff procede del Reino Unido y que es el resultado de los cruces más o menos programados realizados entre el Old English Mastiff y el Old English Bulldog y que su “inventor” fue S. E. Moseley, en los albores del siglo XX.

 

Sin embargo, mucho antes de que esto ocurriera en Inglaterra, hubo en la Península Ibérica unos perros de características muy similares al Bullmastiff moderno, a los que se denominó genéricamente “Perros de Toros”, como lo demuestran multitud de referencias escritas y, sobretodo, gráficas. Así por ejemplo, Francisco de Goya en su serie “La Tauromaquia” dejó constancia pictórica de estos ejemplares en varios de sus grabados hacia 1801 y escasamente cuarenta años después, el pintor español de la Escuela de Roma, Manuel Castellano, retrató a dos ejemplares tomados del natural –uno de capa roja intensa y otro de manto atigrado oscuro--, en su espectacular obra PATIO DE CABALLOS DE LA ANTIGUA PLAZA DE MADRID, ANTES DE LA CORRIDA, datado de 1853-54, que hasta hace poco se podía ver en el Casón del Buen Retiro, anexo al Museo del Prado pero que ahora está retirado, como todo el resto de la colección, por las obras que se están acometiendo en esa parte del museo.

 

 

Manuel Castellano, Patio de caballos de la antigua plaza de Madrid, antes de la corrida (1853), Museo del Prado

 

Pero podemos remontarnos mucho más atrás, a la época de la Reina Isabel I de Inglaterra y su hermana María Estuardo, cuando existía una gran afición a las peleas de animales en lugares públicos. Para entonces ya tenían muy acreditada su ferocidad los “Perros de Toros” procedentes de los Reinos de España y Portugal, de los que se hablaba en todos los foros y a los que se buscaba para pelearlos ante la nobleza inglesa, ávida de emociones fuertes. Tanto así que algunas personas de la confianza de la Familia Real contactaron con nobles de la península para buscar aquí y llevar allá a los más reputados, con intención de reproducirlos y continuar esas sagas de fiereza sin par.

 

Con el devenir de los tiempos el sangriento espectáculo de la pelea de perros contra toros, osos y demás alimañas fue cayendo en desgracia hasta ser finalmente prohibido, tanto a éste lado del Canal de la Mancha como allí y los perros que tradicionalmente se habían empleado para estos menesteres quedaron sin otra ocupación, desapareciendo en gran medida, sobretodo aquí en España y en el vecino Portugal.

Francisco de Goya, Serie "La Tauromaquia" Grabado 25 (1801) Museo del Prado

 

En Inglaterra, sin embargo, hubo quienes apostaron por darles otra salida y así por ejemplo, a partir de mediados del s. XVII los Guardabosques ingleses desarrollaron un nuevo “tipo” (que no todavía raza como tal) de perros, que dieron en llamar “Gamekeeper's Night Dogs”, aprovechando la fiereza bien conocida de los Bulldogs y la talla y resistencia de los Mastiff. Esos perros de los Guardabosques, que con el tiempo se fueron depurando, mientras se afianzaba y consolidaba su tipo y su carácter, están en el origen del Bullmastiff moderno y conservan intactas las características que, entonces, procuraron los Guardabosques.

 

El por qué es bien sencillo. Estos hombres rudos, acostumbrados a un trabajo duro en condiciones límite, que patrullaban sin cesar enormes extensiones de terreno privado, en el que cazaban los Reyes y los nobles de mayor rango y alcurnia, para evitar los robos masivos de caza mayor por parte de los desesperados furtivos que, tantas veces, no tenían otra cosa que llevarse a la boca ni con la que alimentar a sus familias, necesitaban perros de gran resistencia e inteligencia, sumamente ágiles, suficientemente veloces y muy potentes en su embestida, con lo que acorralar a los ladrones.

 

Fuente Archivo fotográfico histórico de "Castro-Castalia"

 

Y todo ello sin extralimitarse por cuanto tenían que ser sumamente escrupulosos y seguir a pies juntillas las tradicionales Leyes de la Floresta (“Forest Laws”) que imperaban en todo el Reino desde el s. XII y que obligaban a los Guardabosques a controlar a los ladrones sin hacerles ningún daño y a entregarlos ilesos a la Policía.