Resulta esencial que para disfrutar de un Bullmastiff capaz de desarrollar su mejor y más depurado instinto de guarda, el propietario se asegure de integrarlo totalmente en el seno de la familia y no sólo eso, sino que previamente, ese perro durante las primeras etapas de su vida (entre las 3 semanas y los 10 meses de edad) haya recibido una adecuada socialización primero en manos de su criador (que debe propiciar el que permanezca con la madre y los hermanos de camada hasta por lo menos las 12 semanas de edad) y luego de su dueño, que ha de continuar la labor de socialización ofreciéndole el mayor elenco posible de experiencias en el entorno, asegurándose de que tenga contacto con el mayor número posible de personas, de otros animales, de situaciones variadas y distintas, etc. para que así genere y haga acopio de una gran cantidad de información que luego sea la que le permita sentirse cómodo en toda clase de ambientes, incluso extremos. Porque es justamente de esas experiencias variadas y múltiples de dónde nacerá su capacidad de discriminación y esa seguridad inmensa que le hace capaz de sentirse confiado incluso en situaciones límite y no sobreactuar nunca.
Foto cortesia "Castro-Castalia"
Porque el Bullmastiff es por encima de todo un verdadero Gentleman, un perro muy seguro de sí mismo a la par que sumamente confiable. Y no sólo eso, sino que gracias a su enorme capacidad de discriminación, jamás se lanzará a un ataque imprevisto y fuera de lugar. Muy por el contrario parece pensárselo todo dos veces antes de actuar y, si finalmente ha de hacerlo, será de una forma “limpia”, sin ensañarse con el contrincante y, haciendo acopio de esa fortaleza a la vez de que esa enorme seguridad en sí mismo, apenas se limitará a derribarlo e inmovilizarlo como ya hicieran sus antepasados.
De hecho, en cualquier trifulca entre dos perros en las que el Bullmastiff sea uno de los actores, si éste es un perro que ha sido suficientemente socializado y educado, a la postre cuando termine la “pelea” el otro estará lleno de babas, pero a pesar de lo aparatosa que haya resultado la situación, raramente habrá nada más si acaso de un pequeño rasguño y la mayor parte de las veces ni eso.
Otro dato importante a tener en cuenta, en lo a la capacidad de guarda se refiere, es que el Bullmastiff no es un perro ni escandaloso ni chulo o altanero. Raramente ladra y quienes no lo conozcan suficientemente dirán que él que es “demasiado” tranquilo, “demasiado” poco activo, “demasiado” lento de reflejos… y hasta “demasiado” estúpido. ¡Nada más lejos de la realidad! Lo que ocurre es que con su aplomo y señorío habituales, nunca hará un dispendio innecesario de energía ni un alarde banal de su poderío. No lo necesita. Pero si llega la ocasión, entonces actuará sin paliativos y sin reservas.

Foto cortesia "Castro-Castalia"
Y eso en contra de la opinión de un conocido etólogo, Stanley Coren, quien probablemente sin ningún conocimiento directo y sin haber valorado adecuadamente ni el carácter ni el comportamiento del Bullmastiff, lo colocó en el puesto 69 en un ranking en el que se valoraba la aptitud en obediencia y guarda. Olvidó, claro, que el Bullmastiff, por excesivamente inteligente, no necesita demostrar su fiereza alardeando delante de un figurante adornado con una manga ni con un traje tipo espanta-pájaros, que se pone delante de su cara meneando un palo y haciendo ridículos ruidos y muecas para llamar su atención y, supuestamente, desencadenar en el animal el instinto de defensa ante un supuesto ataque. Lo cierto es que el Bullmastiff con su capacidad discriminatoria, sabrá perfectamente distinguir una situación real en la que él o los suyos estén en peligro, de semejante pantomima, aptitud ésta que sin duda le coloca muy por encima de otros grandes molosos que reaccionan a éstos estímulos y a cualesquiera otros de forma mecánica, lo que les hace menos fiables como perros capaces de ejercer una guarda y una defensa equilibrada de lo propio, por excesivamente prestos con la boca y empleando la violencia física.

Foto cortesia "Castro-Castalia"
Y olvidó, igualmente, que el Bullmastiff responde mejor mediante el estímulo positivo y que, siendo como es un perro al que se ha seleccionado para “servir” al amo y obedecer ciegamente, recibe y acata mejor la orden cercana, por lo que no responde bien a las que habitualmente se imponen desde la lejanía en alguno de esos tests tan de moda (y a veces tan absurdos) que algunos “expertos” utilizan para medir el grado de obediencia, acatamiento de ordenes y respuesta a éstas y que supuestamente sirven para catalogar si un animal es apto o no para la convivencia en Sociedad.
Quien conozca suficientemente la raza y la sepa valorar en su verdadero contexto, sabrá mejor que nadie, cuáles son las aptitudes reales del Bullmastiff y cómo y de qué manera las pone en práctica y, sobretodo, será un convencido de que no hay otro como él.