Justamente porque en el pasado el Bullmastiff fue utilizado en Inglaterra como guardián de los grandes cotos privados de caza, con el propósito de perseguir y apresar a los furtivos, lo que hacían derribándoles con su cuerpo y echándoseles encima para inmovilizarlos completamente, sin usar más que su fuerza bruta pero jamás su potente boca, es por lo que todavía hoy la raza conserva intacta esa característica, que es una de las más apreciadas y la que mejor le distingue y separa del resto de los grandes molosos. No en vano el Bullmastiff sabe medir perfectamente su fuerza y nunca ataca, a priori, para hacer sangre.

 

Fotos cortesia "Castro-Castalia"

 

Ello tiene su justificación en el hecho de que históricamente ha convivido bajo el mismo techo que sus guías, los Guardabosques, quienes conscientes de la importancia de afianzar ese rasgo de su carácter y tamizar su anterior fiereza, optaron hace más de tres siglos por introducirlos en sus casas y compartir el calor del hogar y el ambiente familiar con ellos, cuando no estaban trabajando. En esos ratos de asueto, sus “Night Dog” estaban con los hijos, con la esposa y con el amo, disfrutando de un rato de descanso y tranquilidad, jugueteando con los niños en vez de ser relegados a la zona en la que se guarecían el resto de perros y de animales domésticos o al exterior.

 

Fotos cortesia "Castro-Castalia"

 

Así, poco a poco, tamizado el carácter antes fiero y agresivo del expedito perro de toro, el Guardabosques sentó los principios de lo que hoy es un animal eminentemente familiar, que adora a los niños y que se adapta perfectamente a todo tipo de ambientes (ciudad o campo), pero que para dar lo mejor de sí mismo necesita, siempre, sentirse parte de la familia y no ser relegado al mero rol de perro de guarda, ajeno a lo que realmente “se cuece” en el seno del hogar. Sólo así desarrollará completamente su excepcional instinto de protección hacia los suyos.

 

Fotos cortesia "Castro-Castalia"

 

El Bullmastiff es un perro muy potente y seguro de sí mismo, dos características que le vienen transmitidas generación tras generación, y como tal hará poro alarde de su poderío físico (¿para qué?), evitando al máximo la confrontación con terceros. Pero es además un guardián inteligente, discreto, eficaz y con enorme capacidad de discriminación; poco ladrador, sumamente casero, que se adapta fenomenalmente bien a la vida en piso y en ciudad y que tiene especial predilección por el orden en todas las cosas.

 

Fotos cortesia "Castro-Castalia"

 

Uno de los rasgos más llamativos y simpáticos de este gigantesco bonachón, es que adora (y necesita) sentirse mimado y querido, tanto como sentirse respetado y no cejará en el intento de llamar la atención del dueño para buscar una caricia, a base de no tan sutiles empujones con el enorme morro bajo el brazo, como si de alguna manera tratara de guiar la mano hacia su lomo o su pecho para recibir el tan deseado mimo.